La música contiene dos elementos: el material acústico y la
idea intelectual. Ambos no se hallan yuxtapuestos como forma y contenido, sino
que se combinan, en la música, para formar una imagen unitaria. Para
convertirse en vehículo de la idea intelectual, el material acústico
experimenta una preparación pre-musical, mediante un proceso de selección y
ordenamiento.3
La estructura del sonido, la escala de sonidos armónicos,
exhibe ya un ordenamiento que la predestina para ser el vehículo de la
intención intelectual. Con el fin de un entendimiento general previo, dentro
del material acústico para la organización de la música, encontramos diversas
clasificaciones, dentro de las cuales la más habitual en ambientes académicos
es la que divide la música en melodía, armonía y ritmo.4 La manera en la que
se definen y aplican estos principios, varían de una cultura a otra (también
hay variaciones temporales).
La melodía es un conjunto de sonidos —concebidos dentro de
un ámbito sonoro particular— que suenan sucesivamente uno después de otro
(concepción horizontal), y que se percibe con identidad y sentido propio.
También los silencios forman parte de la estructura de la melodía, poniendo
pausas al "discurso melódico". El resultado es como una frase bien
construida semántica y gramaticalmente. Es discutible —en este sentido— si una
secuencia dodecafónica podría ser considerada una melodía o no. Cuando hay dos
o más melodías simultáneas se denomina contrapunto.
La armonía, bajo una concepción vertical de la sonoridad, y
cuya unidad básica es el acorde o tríada, regula la concordancia entre sonidos
que suenan simultáneamente y su enlace con sonidos vecinos.
El ritmo, es el resultado final de los elementos anteriores,
a veces con variaciones muy notorias, pero en una muy general apreciación se
trata de la capacidad de generar contraste en la música, esto es provocado por
las diferentes dinámicas, timbres, texturas y sonidos. En la práctica se
refiere a la acentuación del sonido y la distancia temporal que hay entre el
comienzo y el fin del mismo o, dicho de otra manera, su duración.
Por otro lado, la idea intelectual (podemos incluir lo que
hoy llamamos cerebro-cuerpo-mente) convierte el material acústico en arte, y
así la música adquiere historia, vinculándose con el tiempo y haciéndose
atemporal.
La incorporación de un material acústico ampliado en el
siglo XX, produjo a veces dificultades de información, por falta de un sistema
válido de entendimiento previo, y es por eso que otros elementos se toman en
cuenta a la hora de analizar y estudiar el fenómeno de la música, como son la
forma, la instrumentación, la textura, etc. A partir de todos estos elementos,
se originan nuevos principios de ordenamiento y posibilidades de
composición.3Buena parte de las culturas humanas tienen manifestaciones
musicales. Algunas especies animales también son capaces de producir sonidos en
forma organizada; lo que define a la música de los hombres, pues, no es tanto
el ser una combinación "correcta" (o "armoniosa" o
"bella") de sonidos en el tiempo como el ser una práctica de los
seres humanos dentro de un grupo social determinado.
Independientemente de lo que las diversas prácticas
musicales de diversos pueblos y culturas tengan en común, es importante no
perder de vista la diversidad en cuanto a los instrumentos utilizados para
producir música, en cuanto a las formas de emitir la voz, en cuanto a las formas
de tratar el ritmo y la melodía, y, sobre todo, en cuanto a la función que
desempeña la música en las diferentes sociedades: no es lo mismo la música que
se escucha en una celebración religiosa, que la música que se escucha en un
anuncio publicitario, ni la que se baila en una discoteca. Tomando en
consideración las funciones que una música determinada desempeña en un contexto
social determinado podemos ser más precisos a la hora de definir las
características comunes de la música, y más respetuosos a la hora de acercarnos
a las músicas que no son las de nuestra sociedad.
La Música, representación alegórica de la música (Varsovia,
diseñada por Józef Gosławski)
La mayoría de las definiciones de música solo toman en
cuenta algunas músicas producidas durante determinado lapso en Occidente,
creyendo que sus características son «universales», es decir, comunes a todos
los seres humanos de todas las culturas y de todos los tiempos. Dice
Schopenhauer, «(la música) repercute en el hombre de manera tan potente y
magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y
elocuencia supera a todos los idiomas de la tierra».5
Muchos piensan que la música es un lenguaje
"universal", puesto que varios de sus elementos, como la melodía, el
ritmo, y especialmente la armonía (relación entre las frecuencias de las
diversas notas de un acorde) son plausibles de explicaciones más o menos
matemáticas, y que los humanos en mayor o menor medida, estamos naturalmente
capacitados para percibir como bello. Quienes creen esto ignoran o soslayan la
complejidad de los fenómenos culturales humanos. Así, por ejemplo, se ha creído
que la armonía es un hecho musical universal cuando en realidad es exclusivo de
la música de Occidente de los últimos siglos; o, peor aún, se ha creído que la
armonía es privativa de la cultura occidental[cita requerida] porque representa
un estadio más "avanzado" o "superior" de la
"evolución" de la música.
Otro de los fenómenos más singulares de las sociedades
occidentales (u occidentalizadas) es la compleja división del trabajo de la que
es objeto la práctica musical. Así, por ejemplo, muchas veces es uno quien
compone la música, otro quien la ejecuta, y otro tercero quien cobra las
regalías. La idea de que quien crea la música es otra persona distinta de quien
la ejecuta, así como la idea de que quien escucha la música no está presente en
el mismo espacio físico en donde se produce es solamente posible en la sociedad
occidental de hace algunos siglos; lo más común (es decir, lo más "universal")
es que creador e intérprete sean la misma persona.
La notación musical occidental
Desde la antigua Grecia (en lo que respecta a música
occidental) existen formas de notación musical. Sin embargo, es a partir de la
música de la edad media (principalmente canto gregoriano) que se comienza a
emplear el sistema de notación musical que evolucionaría al actual. En el
Renacimiento cristalizó con los rasgos más o menos definitivos con que lo
conocemos hoy, aunque -como todo lenguaje- ha ido variando según las
necesidades expresivas de los usuarios.
Fragmento de uno de los himnos dedicado al dios de la música
Apolo, en Delfos, Grecia. El templo oracular era una acrópolis y fue construido
en su honor. Este fragmento contiene la notación musical introducida por los
helenos, situando las notas por sobre las estrofas (a modo de «cancionero
popular»)
El sistema se basa en dos ejes: uno horizontal, que
representa gráficamente el transcurrir del tiempo, y otro vertical que
representa gráficamente la altura del sonido. Las alturas se leen en relación a
un pentagrama (del griego «πεντα», "penta": cinco; y «γραμμa»,
"grama": líneas), que al comienzo tiene una "clave" que
tiene la función de atribuir a una de las líneas del pentagrama una determinada
nota musical. En un pentagrama encabezado por la «clave de sol en segunda
línea» nosotros leeremos como sol el sonido que se escribe en la segunda línea
(contando desde abajo), como la el sonido que se escribe en el espacio entre la
segunda y la tercera líneas, como si el sonido en la tercera línea, etc. Para
los sonidos que quedan fuera de la clave se escriben líneas adicionales. Las
claves más usadas son las de:
do en tercera línea (clave que toma como referencia al do4
de 261,63 Hz, el do central del piano),
sol en segunda línea (que se refiere al sol que se encuentra
una quinta por encima del do central), y
fa en cuarta línea (referida al fa que está una quinta por
debajo del do central).
El discurso musical está dividido en unidades iguales de
tiempo llamadas compases: cada línea vertical que atraviesa el pentagrama marca
el final de un compás y el comienzo del siguiente. Al comienzo del pentagrama
habrá una fracción con dos números; el número de arriba indica la cantidad de
tiempos que tiene cada compás; el número de abajo nos indica cuál será la
unidad de tiempo.
Para escribir las duraciones se utiliza un sistema de
figuras: la redonda (representada como un círculo blanco), la blanca (un
círculo blanco con un palito vertical llamado plica), la negra (igual que la
blanca pero con un círculo negro), la corchea (igual que la negra pero con un
palito horizontal que comienza en la punta de la plica), la semicorchea (igual
que la corchea pero con dos palitos horizontales), etc.. Cada una vale la mitad
de su antecesora: la blanca vale la mitad que una redonda y el doble que una
negra, etc.
Las figuras son duraciones relativas; para saber qué figura
es la unidad de tiempo en determinada partitura, debemos fijarnos en el número
inferior de la indicación del compás: si es 1, cada redonda corresponderá a un
tiempo; si es 2, cada blanca corresponderá a un tiempo; si es 4, cada tiempo
será representado por una negra, etc. Así, una partitura encabezada por un 3/4
estará dividida en compases en los que entren tres negras (o seis corcheas, o
una negra y cuatro corcheas, etc.); un compás de 4/8 tendrá cuatro tiempos,
cada uno de ellos representados por una corchea, etc.
Para representar los silencios, el sistema posee otros
signos que representan un silencio de redonda, de blanca, etc..
Como se ve, las duraciones están establecidas según una
relación binaria (doble o mitad), lo que no prevé la subdivisión por tres, que
será indicada con "tresillos". Cuando se desea que a una nota o
silencio se le agregue la mitad de su duración, se le coloca un punto a la
derecha (puntillo). Cuando se desea que la nota dure, además de su valor, otro
determinado valor, se escriben dos notas y se las une por medio de una línea
arqueada llamada ligadura de prolongación.
En general, las incapacidades del sistema son subsanadas
apelando a palabras escritas más o menos convencionales, generalmente en
italiano. Así, por ejemplo, las intensidades se indican mediante el uso de una
f (forte, fuerte) o una p (piano, suave), o varias efes y pes juntas. La
velocidad de los pulsos se indica con palabras al comienzo de la partitura que
son, en orden de velocidad: largo, lento, adagio, moderato, andante, allegro,
presto.
